Alimentación y deporte

De un tiempo a esta parte nadie discute el hecho de que la alimentación y el deporte sean los pilares básicos y fundamentales sobre los que descansa nuestra salud y en consecuencia la prevención e incluso el tratamiento de enfermedades relevantes como son la obesidad o la osteoporosis. Hoy vamos a hablar de la alimentación más adecuada para una persona que hace ejercicio físico con regularidad.

 

Cualquier persona necesita básicamente una correcta hidratación y una alimentación variada y equilibrada. Se han de tomar sencillamente todo tipo de alimentos procurando, en el caso de una persona que realice deporte habitualmente, un predominio de alimentos ricos en hidratos de carbono. Éstos son combustible puro para nuestro organismo.

 

Además las caloría provenientes de lípidos de todo tipo deben limitarse a un 30% de la ingesta total diaria. La energía cuyo origen son las proteínas consumidas tampoco es conveniente que exceda el 15% del total.

 

Si, vale, pero qué tomo antes o después de mi entreno?

Lo primero que debemos dejar claro es que si entrenamos 4 a 5 veces a la semana, lo que ingerimos antes y después de esos entrenamientos es importante pero de ninguna de las maneras va a ser tan relevante como el resto de las comidas que hagamos en la semana, por ejemplo. Son matemáticas, tu cuerpo funciona 24 horas 7 días a la semana por lo que las comidas no asociadas a los entrenamiento superan en número y por mucho a las que sí lo estén.

 

Por otro lado este asunto depende en gran medida de cuál sea tu objetivo. Los objetivos son casi como los gustos, cada cual tiene el suyo pero es que, además, cada uno de nosotros partimos de condiciones muy distintas por lo que desde aquí no podemos más que dar un enfoque general y aconsejaros consultar un especialista que os pueda evaluar y guiar en cada caso.

Dicho esto, por lo general escucharemos que es mejor entrenar con el estómago vacío. Muchos dirán que incluso en ayunas. Los fans de la dieta paleo te lo explicarán argumentando que es precisamente por hambre por lo que salían a cazar (esfuerzo físico paleolítico) nuestros antepasados.

Lo cierto es que los músculos una vez son activados se alimentan de la glucosa contenida en el flujo sanguíneo y que mientras se agota o no este recurso no empezará el cuerpo a movilizar otras fuentes de reserva del organismo que supla la primera.

No hay una respuesta correcta a la pregunta de si entrenar con el estómago vacío o no. O mejor dicho, hay demasiadas. Si nuestro objetivo es perder peso debemos combinar una dieta hipocalórica con la realización de ejercicio y éste tendría que estar enfocado a la quema de grasas. Conviene en este caso no tener excesiva energía en forma de azúcar en sangre para llegar lo antes posible a las reservas de grasas. Si por el contrario buscamos ganar fuerza muscular debes prestar atención a que el nivel de azúcar en sangre es suficientemente alto como para que tu rendimiento no sufra un impacto excesivo ya que sería contraproducente.

En cualquiera de los casos es importante conservar el sentido común y dejarse aconsejar por técnicos y profesionales que nos rodean

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