NO CONVIENE SUBESTIMAR LOS BENEFICIOS DEL AQUAGYM

En muchas ocasiones os hemos hablado de modalidades o disciplinas de fitness que se tienden a infravalorar por muchos (quizá por “los más ciclados”) y que no hay que subestimar. Entre estas podríamos colocar al aquagym. Puede parecer que este solo podría beneficiar a personas que buscan fortalecer sus músculos mínimamente al tiempo que favorecen su movilidad, por ejemplo, aquellos que buscan una rehabilitación específica, o en general, para ancianos o para embarazadas.

Sin embargo, el aquagym tiene ventajas de las que se pueden aprovechar a todo tipo de deportistas si se practican con una rutina adecuada. Lo cierto es que esta creencia se debe a las bondades de hacer ejercicio en el agua. Debido a su baja resistencia, cada movimiento que afrontamos requiere mucho menos energía para ser acometido, pero a cambio, el líquido nos ofrece un masaje drenante que estimula la circulación sanguínea y nos puede ayudar a perder grasa más fácilmente y a combatir la indeseada retención de líquidos.

Entonces, ¿en qué puede beneficiar a aquellos que se machacan con esmero y que tienen objetivos tan ambiciosos? ¿Por qué “perder el tiempo” en una clase de aquagym en lugar de seguir con rutinas más interesantes? Lo cierto es que la idea es saber elegir el momento en que más nos conviene, porque para aquellos de los que hablamos, esta modalidad es perfecta para recuperar la musculatura, asimilar esfuerzos efectuadas y afrontar nuevos entrenamientos con mejores garantías.

Evidentemente, los beneficios del aquagym también se extienden a quienes buscan prácticas más iniciáticas o por sus circunstancias no puedan someterse a ejercicios más intensos. Y es que el bajo impacto es perfecto para luchar, por ejemplo, contra los dolores de espalda o articulaciones, y para ayudar una recuperación mejor en el caso de estar lesionados.

A la vez, incrementaremos nuestra resistencia muscular y el tono de nuestro cuerpo gracias a la alta densidad del agua, mientras potenciamos la flexibilidad y la elasticidad. De nuevo, no conviene dejarse llevar por esa sensación en una clase de aquagym se gasta mucho menos, porque a la vez que hemos mencionado que los requisitos de energía que debemos aportar son menores, quizá esto no sea del todo tan cierto. Hay que tener en cuenta que podemos llegar a gastar hasta 700 kilocalorías por clase, dependiendo del ritmo de nuestro monitor. Por tanto, es otra práctica interesante para aquellos que busquen perder peso.

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