LAS RODILLAS, EL PUNTO DÉBIL DEL RUNNER

Con la popularización cada vez mayor del running se está produciendo un fenómeno en paralelo: la proliferación de ciertas lesiones comunes entre los corredores. Si hacemos un repaso por zonas francas, la rodilla se quizá una de las articulaciones que más sufren según vamos incrementando los kilómetros por semanas, sino la que más.

Una vez metidos en una rutina de entrenamientos, muchos no queremos ver el origen de este tipo de lesiones, y nos obsesionamos con continuar con un ritmo de esfuerzos elevados, cuando lo más idóneo es parar. Y es que tendemos a obviar que posiblemente no llevemos años corriendo, sino que han solo tan solo algunos los meses, o que estamos corriendo con un calzado más bien barato y una suela tan fina como el papel de fumar.

Sí, el running es una actividad muy accesible, pero a la vez, es uno de los deportes que más va a lastrar determinadas partes de nuestro cuerpo, entre estas, las rodillas. Con cada impacto sometemos a la articulación a que soporte el 80% de nuestra masa corporal, con lo que comenzar a correr para perder peso descartando cualquier otro ejercicio no es tan buena idea, sobre todo si sufrimos de sobrepeso. Además, es un deporte que al iniciarse se presta mucho al sobre-entrenamiento inconsciente.

Por eso, a la hora de comenzar a correr, debemos ir con cautela y pies de plomo (nunca mejor dicho) observando las posibles molestias que van apareciendo, eligiendo un buen calzado y teniendo en cuenta que se trata de un deporte que traerá beneficios a largo plazo. Aun así, no es tan extraño que suframos alguna lesión ocasional, sobre todo teniendo en cuenta que no estamos acostumbrados a esta actividad.

Para el caso de las rodillas, es importante no desesperarse, pero detener nuestra rutina de inmediato y tratar de analizar cuál es el motivo de la molestia o el dolor. Lógicamente, un especialista médico nos ayudará mucho más en este lance. No es recomendable para tres días, para después reiniciar con las mismas rutinas, porque con mucha seguridad volveremos a caer en la misma lesión. Los motivos suelen estar muy acotados, pero es importante definirlos: calzado inadecuado, defectos en la pisada, entrenamientos por encima de nuestras posibilidades, grupos musculares más débiles (que por tanto, debemos refozar), etc.

Hemos de tener paciencia si, por ejemplo, sufrimos un síndrome como el de la cintilla iliotibial, y no desesperarnos creyendo que nunca más volveremos a correr o que empezar fue una mala idea. No hay mal que mil años dure, pero tendremos que poner mucho de nuestra parte en algunos casos para superarlo.

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