ENTRENAR RESFRIADO, HE AHÍ LA CUESTIÓN

Como si de una campaña de vacunación se tratase, este año nos adelantamos a daros algunos consejos para un caso que tiene bastantes probabilidades que se dé año a año. Hablamos de qué ocurre cuando comenzamos a moquear, se irrita nuestra garganta, no dormimos tan bien, y queremos mantener nuestra frecuencia de entrenamiento.

En otras palabras, ¿es bueno entrenar si estamos resfriados? Evidentemente, todo dependerá del grado de la enfermedad. El mejor para sacarnos de dudas será nuestro médico, quien sabrá localizar el origen de la afección. Sobra decir que no debemos automedicarnos, y mucho menos tomar antibióticos que podrían empeorar la situación.

Decimos esto porque todos sufrimos, año a año, cuando después de unas semanas de duro trabajo en nuestras rutinas un constipado amenaza con dinamitar nuestra evolución, retrasando nuestros objetivos. En el aspecto psicológico, hay que decir para empezar que ante los primeros síntomas debemos mantener la calma y cuidarnos. No por dejar cuatro o cinco días de entrenar vamos a arruinar el trabajo de todo un año. El cuerpo olvida con más resistencia que la mente, lo que quiere decir que nuestro rendimiento no se verá tan afectado probablemente como nosotros creemos.

Si se trata de un resfriado leve (que invita a que pensemos en entrenar), sin fiebre o unos síntomas más severos, hay una serie de puntos que debemos apuntarnos bien. Nuestro sistema respiratorio se verá afectado, con lo que tenemos que mimarlo. El cardio exige una gran demanda de oxígeno. Si aumentamos la frecuencia y la intensidad con la que respiramos, podemos ayudar a que la inflamación de las vías respiratorias crezca, y más si sometemos al cuerpo a un cambio de temperatura brusco.

Entonces, ¿puedo hacer cardio en interior? Es otra cuestión muy relativa. No os lo aconsejamos, porque someter al cuerpo a un cambio de temperatura también incluye subirla. Es cierto del mismo modo que cualquier trabajo de pesas contribuirá a este proceso, por eso aconsejamos moderar la intensidad de nuestros ejercicios en el caso de que nos arriesguemos porque la dolencia sea mínima. Como decimos, es importante en todo momento no someter al sistema inmunitario a mucho más trabajo del que ya tiene. Recordad que en la mayoría de los casos será más beneficioso que paremos a que forcemos la máquina.

Por eso, si tomáis la decisión de mantener alguna sesión de entrenamiento, debéis cuidar más que nunca la hidratación y la alimentación. Los antioxidantes vendrá ahora mejor con nunca, cuidando las dosis de vitaminas A, C y E y con minerales como el zinc o el selenio. Y por supuesto, debes respetar los descansos y no dudar en dormir más horas si tienes esa posibilidad. ¡Escucha a tu cuerpo!

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