CARDIO Y PESAS, ¿PERO EN QUÉ ORDEN?

Hoy vamos a tratar de aclarar un tema que no deja de ser controvertido a la vez que complejo. En qué orden debemos afrontar los esfuerzos aeróbicos y anaeróbicos. Como intuiréis, depende en buena medida del objetivo que nos hayamos marcado, de lo que persigamos con el ejercicio. No obstante, no es el único factor que influye a la hora de lograr unos resultados concretos: nuestro historial, nuestro metabolismo y, por supuesto, la alimentación pueden llegar a complicar el asunto.

Vamos por partes. Los términos ya mencionados de aeróbico y anaeróbico distinguen dos grupos de ejercicios en función de los procesos que ambos causan en nuestro cuerpo y los efectos que consiguen. Los aeróbicos van asociados a una baja intensidad  y al trabajo que conocemos como cardio. A frecuencias cardíacas bajas y moderadas nuestro cuerpo oxida los nutrientes siguiendo un orden determinado.

Por el contrario, cuando realizamos ejercicios intensos, como las pesas (ojo, que también podemos hacer un cardio anaeróbico de alta intensidad), en los que buscamos aumentar nuestra masa muscular, el proceso es bien diferente. Son los llamados ejercicios anaeróbicos, en los que lo ideal es alcanzar altas intensidades para lograr la hipertrofia muscular.

Por eso, no es lo mismo que queramos perder peso a que persigamos ganar volumen, y en ese sentido, el orden de los factores sí altera el producto.

Es mucho más aconsejable comenzar nuestros entrenamientos con pesas que con cardio. De ese modo, las reservas de nutrientes en nuestro organismo no estarán tan mermadas. Hablamos en concreto del glucógeno y los aminoácidos.

En cambio, si preferimos empezar con una sesión de cardio, las certezas sobre la eficacia del trabajo con las pesas se pierden. El gran dilema consiste en determinar en qué momentos se produce el cambio en la oxidación. Como sabréis, nuestro cuerpo suele recurrir a hidratos, grasas y finalmente, proteínas en ese orden y en unos tiempos muy concretos (20 minutos aproximadamente para comenzar a quemar grasas y una hora para los aminoácidos). Una sesión de cardio más larga que intensa tendrá sus consecuencias en el trabajo anaeróbico posterior, al que no podremos dedicarle la eficacia que se merece. Y no solo eso, si nos pasamos con el cardio, podremos incluso lograr el efecto contrario.

Por supuesto, el proceso puede variar en función de los factores que hemos mencionado al principio (si somos, por ejemplo, un corredor de maratones). De cualquier manera, en el fitness no hay grandes incertidumbres, y saber cómo emplear mejor nuestras energías pasa por algo que ya hemos señalado en alguna ocasión: conocernos.

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